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La recoleta franciscana fue levantada durante la primera década del siglo XVII en los deshabitados terrenos de la Hacienda Burburata, sobre el antiguo camino a Tunja. Del viejo convento sobreviven la iglesia y una parte del claustro. La iglesia, de sencilla arquitectura, era originalmente de una nave. En 1627, se le adicionó la capilla anexa consagrada a Nuestra Señora del Campo, cuya imagen tallada en piedra fue motivo de gran devoción por parte de indígenas y labriegos de la Sabana.

 

Es muy conocido el labrado quiteño en plata obsequiado por el virrey Solís, a quien se recuerda por haber abandonado su altísima posición para enclaustrarse en el convento de San Francisco. Posee obras de bulto de gran valor histórico  que se emplazan en el altar mayor. Los modernos edificios y las concurridas avenidas del Centro Internacional contrastan con la sencillez y el ambiente colonial característico de la recoleta.

Coronando la cima del imponente cerro está el Santuario de Monserrate, piadoso sitio de oración y peregrinaje cuya tradición se remonta a la época de la Colonia. La edificación actual, inaugurada en 1920 y sometida a varias remodelaciones, se levanta sobre tramos de construcción y terrenos ocupados antiguamente por una ermita, un monasterio de Cartujos y diversas construcciones religiosas.

 

La configuración actual del templo es de basílica menor y en  su altar principal yace el Señor Caído de Monserrate, talla del siglo XVII elaborada por Pedro de Lugo y Albarracín. La ubicación del santuario, a 3.200 metros sobre el nivel del mar, permite admirar una espléndida panorámica de la ciudad. Los accesos mecánicos se realizan por vía aérea —teleférico— o terrestre —funicular—, en medio de añejos bosques de eucalipto.

 

La primera estación del funicular de estilo republicano se terminó de construir en 1929 y en 1985   se remodeló al estilo de casona colonial. En la cumbre se encuentran los exclusivos   restaurantes Casa San Isidro y Casa Santa Clara. El primero funciona en una hermosa casa colonial que le imprime un ambiente acogedor y elegante. El segundo ocupa una construcción santafereña de estilo francés que fue despiezada y vuelta a ensamblar en el cerro.

 

El nombre de Monserrate se debe a que la primera capilla estaba consagrada a Nuestra Señora de la Cruz de Monserrate.

 

En pequeñas tiendas encontrará artesanías procedentes de diversas regiones del país.
 

Es un sencillo santuario a a 3.300 metros de altura en la cima del cerro de Guadalupe. La primera ermita se levantó en 1656; los sucesivos temblores la destruyeron en cuatro ocasiones, la última sucedida después del movimiento de 1917. Hoy día hay una pequeña capilla y una imagen de la Virgen de Guadalupe de 15 metros de altura, obra del escultor bogotano Gustavo Arcila Uribe.

 

La iglesia, construcción de 1967 guarda en su interior en un camarín sobre el altar mayor una imagen de Nuestra de Guadalupe tallada en madera, por José de Moratilla y traída de Roma.

 

El acceso hasta el lugar se realiza por carretera destapada y se sugiere hacerse acompañado de un guía turístico especializado.

La iglesia, comenzada a construir tan sólo 20 años después de la fundación de Bogotá, es una destacada obra arquitectónica y artística. Hizo parte del extenso conjunto de la orden de los Franciscanos y debió ser reconstruida, luego del devastador terremoto de 1785, por el arquitecto fray Domingo de Petrés y el ingeniero Domingo Esquiaqui.  En su rica  ornamentación se resume la inagotable labor artística de talladores, escultores, artesanos y pintores criollos y extranjeros.  Su altar mayor, fabulosa creación de Ignacio García de Ascucha y Lorenzo Hernández de la Cámara, es una de las obras maestras del tallado colonial santafereño.

 

El artesonado mudéjar y las obras de bulto, catalogadas entre las más valiosas de la imaginería virreinal española del siglo XVII, hacen de la iglesia de San Francisco una obra de especial importancia y significación. También se destacan los relieves y el trabajo en madera del altar mayor y del presbiterio, la muestra de pintura flamenca de la capilla de San Francisco, la imaginería y los ornamentos que se encuentran en sus altares y capillas. La iglesia conserva obras de Francisco de Zurbarán, Gregorio Vásquez de Arce y Ceballos, Gaspar de Figueroa y  Antonio Acero de la Cruz.

La construcción original seriamente afectada por el terremoto de 1917 fue demolida para ser reemplazada por la actual construcción, diseñada por Juan Bautista Arnaud. Se le cataloga como de inspiración "románico - bizantina", lo cual se aprecia en la fachada del templo: campanarios simulando torreones, motivos geométricos adornando el frontis y franjas de colores alternados entre rojo y amarillo. Posee hermosos vitrales empotrados en las naves laterales, singulares columnas en espiral del altar mayor y una bella talla en madera del púlpito.

Construida a comienzos del siglo XIX. Su más importante legado lo constituye el conjunto de imágenes de la Sagrada Familia que reposan en el altar mayor. Según la tradición, en 1685 se hallaron, insinuadas en la peña, unas figuras que fueron desprendidas y trasladadas a una capilla; posteriormente la roca fue tallada por el maestro cantero Luis Herrera y perfeccionada por Pedro Laboria.

 

La planta de la iglesia tiene forma de cruz latina y está compuesta por una sencilla nave central y un transepto que la divide del presbiterio, en este punto se encuentra una cúpula de media naranja con linterna. La fachada está conformada por un cuerpo central y una torre lateral

 

En su parte externa se destaca la cúpula en forma de media naranja y la extraordinaria panorámica que se aprecia del centro oriente de la ciudad.

Construida en 1832 y fuertemente afectada por el terremoto de 1917 que hizo necesario reconstruir el templo. Es una construcción en mampostería de ladrillo para los muros, piso en baldosa de cemento, carpintería metálica en hierro, vidrios pintados y piso exterior cubierto con baldosas de gres. Esta conformado por una planta basilical de tres naves, la central, conformada por una bóveda de cañón corrido que remata en un camarín y tiene una cúpula octogonal hacia el centro, separada por machones en forma de cruz griega de las laterales que están compuestas por bóvedas aparentes de crucería. El templo deja entrever luces sobre la imagen románica que la iglesia quería demostrar en este templo.

Fue una de las primeras iglesias levantadas por los conquistadores en Santa Fe (1546). Años más tarde, en 1631, cuando ya se había formado la plaza de mercado de San Francisco (hoy Parque de Santander), la ermita fue ampliada pero el terremoto de 1827 la destruyó en gran parte, siendo reconstruida posteriormente. Entre 1904 y 1910 fue declarada Panteón Nacional.

 

Su fisonomía actual, después de la intervención en 1908 del arquitecto Julián Lombana y de una posterior remodelación en 1960, es la de una iglesia de muros blanqueados lisos con dos accesos, lateral y frontal, enmarcados por portadas de sillería, partiendo la esquina nororiental de la cubierta de una torre de un cuerpo que corresponde al campanario, con capitel ‘entejado’. Allí reposan, en una capilla ubicada a la derecha del altar mayor, los restos de numerosos próceres fusilados durante la reconquista española. Sobresalen dos obras de gran valor histórico: el Cristo de los Agonizantes, crucifijo ante el cual los reos oraban la noche previa a su ejecución, situado en la nave izquierda del templo, y el Cristo de los Mártires, lienzo que acompañaba a los condenados hasta el cadalso y que presidía los cortejos fúnebres, situado en el altar mayor.

 

Está conformada por una nave principal, una nave lateral y una capilla que hace las veces de medio crucero y la decoración neoclásica se le aplicó a principios del Siglo XX. La fachada tiene una portada de piedra rematada por dos pináculos en sus costados y una hornacina en el centro que alberga la imagen de la Santa Veracruz; se destacan también, la sencillez de los muros interiores, el techo en forma de artesa y el enchapado en plata del altar.
 

Representa el mejor ejemplo de decoración dieciochesca, ya que aparecen aquí por primera vez los motivos del rococó. Se comenzó a construir en 1761 y finaliza aproximadamente hacia 1774 ó 1780, según los entendidos. El valor inmenso de este templo, radica en el trabajo decorativo rococó de altares, retablos, púlpitos y confesionarios realizado por el entallador Pablo Caballero.

 

Se conserva el más importante conjunto de talla peinada que ostenta la ciudad. Una rica iconografía representa hojas, flores, frutos, pequeños rostros de ángeles y estilizadas figuras de animales; el color predominante es el sepia. Junto con las iglesias de San Francisco y de La Veracruz, situadas a pocos pasos entre sí, forman el conjunto de arquitectura religiosa más importante de Bogotá.

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