Un corazón cultural que palpita de nuevo
Por: KATHRYN JEZER-MORTON
Traducción: Graciela Leal
LA CANDELARIA, el barrio más antiguo de Bogotá se asienta a lo largo de las faldas de los cerros orientales de la ciudad. Una encrucijada de calles de una sola vía se alinea con edificaciones de estuco colonial español y techos en teja de barro. La vecindad fue el hogar de los más amados poetas y políticos colombianos, una clase de monumento histórico viviente.
Pero hasta hace poco tiempo, la vecindad era considerada peligrosa incluso por muchos Bogotanos. En el 2002, las fuerzas armadas revolucionarias de Colombia, el grupo izquierdista guerrillero conocido como FARC, detonaba un carro bomba y lanzaba morteros en la vecindad para protestar por la posesión del presidente Álvaro Uribe. Mataron civiles. Ya antes de esto, La Candelaria se desmoronaba, y sus calles oscuras eran refugio para los ladrones y los gamines
A lo largo de estas épocas oscuras se fue forjando, sin embargo, una identidad bohemia desordenada. A medida que la violencia se desvanecía, la ciudad comenzó a promover al barrio de La Candelaria como centro cultural y artístico. Este renacer de La Candelaria se consolida en enero de este año con la apertura del Centro cultural Gabriel García Márquez (Calle 11, no. 5-60; 571-283-2200; www.fce.com.co).
El complejo circular de ladrillos rojizos contiene una librería grande, un tranquilo y casual café, galerías y un auditorio donde se realizan lecturas y talleres de los artes para niños. El Café de Juan Valdez, la respuesta colombiana a Starbucks, ocupa un espacio con un patio en el nivel inferior del centro, y es el lugar perfecto para ver la gente pasar mientras que se goza de una taza preparada por expertos de la exportación más famosa (y legal) del país. La energía creativa se puede también sentir en las calles próximas. Hogar de varias sedes universitarias, la vecindad ahora palpita con minúsculos bares iluminados por velas y restaurantes populares entre los estudiantes y los artistas. Muchos lugares todavía utilizan las chimeneas de madera para ahuyentar el frío de las noches bogotanas. EL Gato Gris (Carrera 1A, no. 13-12; 571-342-1716) ofrece buenos crepes y pastas; tiene acogedores rincones conectados por estrechas escaleras que evocan las casas de muñecas infantiles. Si usted está demasiado alto entre las vigas de la casona para sentir el resplandor de la chimenea, pida un vino dulce, especie de grapa al estilo de La Candelaria.
Bogotá ama el teatro, y La Candelaria es el hogar del más famoso de la ciudad, el Teatro de Cristóbal Colón (Calle 10, no. 5-32; 571-284-7420; www.teatrocolon.org.ar) construido en 1885 en el más rancio estilo republicano, es donde la orquesta Sinfónica de Colombia y las compañías que visitan la ciudad realizan sus presentaciones. Los espectáculos que vienen incluyen una puesta en escena de “Cymbeline” por el Teatro Kneehigh de Gran Bretaña. La puerta siguiente al teatro es el totalmente restaurado Hotel de la Ópera (Calle 10, no. 5-72; 571-336-2066; www.hotelopera.com.co), conformado por dos casas del siglo XIX que alguna vez alojaron al cuerpo de guardia del Libertador Simón Bolívar. El hotel con techos de 14 pies de alto, mobiliario italiano antiguo y un SPA recién puesto al servicio, cuenta con habitaciones a partir de USD165. Después del atardecer, los estudiantes se encuentran en Escobar Rosas (Calle 15, no. 4-02; 571-341-7903), una discoteca en donde se escucha el reggaetón, la salsa y música tanto colombiana como europea. El club tiene sus propias reglas de admisión y los fines de semana es de puertas abiertas. “De todas los vecindarios en Bogotá, La Candelaria es el más cosmopolita,” dijo Luis Fernando Garzón, miembro del consejo local de ciudad. “Hay una mezcla maravillosa de gente de aquí, de estudiantes, de oficinistas, de intelectuales, de gente acomodada… Todas las clases. “
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